Mi vida Después del Cambio de Partido en el Gobierno del Estado (Parte I)

Eso de las campañas electorales, la política y el gobierno nunca me han gustado. Siempre me he mantenido al margen de toda esa parafernalia. Si me interesa conocer los proyectos de los políticos, pues al final, como buen ciudadano, expreso mi opinión en las urnas. Pero pienso que todo el dinero que se gastan en estos procesos, pudiera estar mejor invertido en los que menos tienen, y no me refiero a darle despensas a esa gente, sino a desarrollar programas para el autoempleo y el desarrollo de empresas familiares, algo que les dure más de una semana.

REALIDAD O FICCIÓN: “MI VIDA DESPUÉS DE QUE CAMBIO EL PARTIDO EN EL GOBIERNO (Un cuento Casi Verdad)

Tuve la oportunidad de ser invitado a trabajar en una administración estatal en el año de 2011. Y esa invitación no llegó por los canales que todas las personas creen e imaginan que se dan en los Gobiernos, como la recomendación, el compadrazgo o el compromiso del partido en el poder. Me invitaron porque, aunque suene extraño, esa nueva administración buscaba gente con experiencia técnica en ciertas áreas. Mi curriculum y el trabajo desempeñado en la iniciativa privada me abrió las puertas para comenzar a laborar en un Gobierno Estatal.

En el momento de evaluar mis opciones laborales y las diferentes variables que implicaba el tomar la decisión de trabajar para un gobierno, cruzó por mi mente la pregunta “¿y cuando termine la administración, qué voy a hacer?”

Por ingenuo que parezca, me contesté la pregunta con estas palabras “mi trabajo hablará por mí”…. No pude haber estado más equivocado.

En esos momentos, la decisión que tomé, pese a que yo mismo me estaba cuestionando el futuro inmediato después de los 6 años, fue aceptar esa oferta para trabajar dentro de un sistema de gobierno.

Esta decisión implicó para mi familia, mudarnos a otra ciudad. También tomamos la decisión de que en lugar de pagar una renta, hiciéramos el esfuerzo para pagar algo que dejarles de patrimonio a mis tres hijos, por lo que nos embarcamos con un crédito hipotecario.

Como mi hijo mayor (que en aquél entonces era el único que estaba en la escuela), aún no terminaba su ciclo escolar, tuve que estar viajando todos los fines de semana para ver a mi familia. En agosto de 2011 y después de una ardua búsqueda de una casa adecuada para la familia (nos tardamos media tarde y solo vimos 3 casas), el camión de mudanza llegó para iniciar una nueva aventura en una ciudad que no conocíamos y lejos de padres, hermanos, familiares y amigos. El camión de mudanza llegó un día en que me encontraba viajando fuera de la ciudad por el trabajo, así que mi esposa tuvo que coordinar ella sola la descarga del camión. Uno pensaría que estas situaciones son muy normales y deberían de desarrollarse sin problema alguno, aunque siempre existe la posibilidad de una falla mecánica del camión o una ponchadura. Pero afortunadamente esto no pasó.

Sin embargo, algo que nunca estuvo en mis planes sucedió mientras yo me encontraba en no sé qué playa viendo los destrozos causados por un huracán. El chofer de la unidad se había perdido y después de una media hora de explicaciones, por fin llegó al fraccionamiento ya casi oscureciendo. Ya viajaba de regreso y pensé que al llegar a la casa, los muebles ya estarían acomodados y mi esposa ya habría abierto algunas cajas, pero eso no sucedió.

Resulta que por lo alto del camión, éste no entraba por el arco del fraccionamiento y mi casa estaba a unos 400 metros de la entrada, lo que implicaría una labor titánica para el chofer y dos ayudantes para meter muebles y cajas. Gracias al apoyo de compañeros de trabajo y de quien nos vendió la casa, conseguimos un camión más pequeño al que se transfirieron los muebles y después de unos 4 viajes, la mudanza terminó…. Y nuestra vida en esta nueva ciudad comenzó.

Ahora ir por los hijos y comenzar con el proceso de aclimatación necesario para que pudieran sobrevivir en su nueva ciudad; al final tendría tiempo para pensar en qué haría una vez que terminaran estos 6 años. Aún faltaba mucho para comenzar a preocuparme en mis opciones… No pude haber estado más equivocado.

Parece apenas ayer cuando pasábamos la segunda Navidad en esta nueva ciudad y mi mente, que no dejaba de atormentarme con el futuro, trabajaba en este tipo de razonamientos: “Voy a seguir trabajando duro los próximos dos años y los dos últimos tendré tiempo de comenzar a hacer relaciones para garantizar mi trabajo por otros 6 años”, y luego mi razonamiento lógico me decía: “Mi trabajo hablará por mí”.

Pasaban los meses, los niños crecían al mismo ritmo que crecían sus necesidades. El sueldo era bueno y por primera vez en mi vida laboral, tuve la oportunidad de saldar todas nuestras deudas. Pero en la misma medida en que en un año salíamos tablas y no debíamos más que la casa, las necesidades de la familia crecían.

De repente no era un solo niño en la escuela, ya tenía a los 3 niños estudiando. Eran 3 inscripciones, 3 colegiaturas al mes, 3 juegos de uniformes, 3 de lo mismo en útiles escolares… en fin, este sacrificio de tener a los niños en una escuela privada era más que necesario. Al final, lo que le vamos a dejar a nuestros hijos en la vida, es su educación. De un año en el que no teníamos deudas, pasamos a un año en el que comenzaron a crecer los saldos de las tarjetas de crédito. Yo siempre me he considerado un buen administrador y muchas veces mi visión en el futuro me decía que debía poner un alto en los gastos que no eran necesarios, pero mi razonamiento en los sueños y fantasías me decía: “Mi trabajo hablará por mí”.

Llegó el último año de la administración. Todavía tenía la oportunidad de hacer ajustes en los gastos mensuales para poder contar con un colchón para cuando terminase la administración. Volvía la mirada atrás y veía todo el gran trabajo que realicé durante los años anteriores y me enorgullecía. También veía que los empresarios del sector me agradecían el trabajo realizado y me felicitaban por ello. La satisfacción de haber servido con honestidad a mi estado, ayudaban a que mi ego y que mi razonamiento en los sueños y fantasías continuara taladrando en mi mente la frase: “Mi trabajo hablará por mí”.

Último año de la administración y año electoral. Un ejército de personas que trabajaban en el gobierno decidieron renunciar (o al menos eso decían) para incorporarse a la campaña para asegurar que el partido en el poder continuara otros seis años; Yo me limité a seguir trabajando de la misma forma en que inicié la administración. Ahora el trabajo era más intenso ya que tuve que asumir la responsabilidad de mi área de trabajo ya que los “jefes” se fueron a la campaña. Algunos compañeros que brillaron por su ineptitud y que no aportaron nada al estado durante los años anteriores, se unieron a ese ejército de personas que se fueron a “trabajar” a la campaña.

Aunque estuve alejado de todo ese tema electoral, no podía dejar de enojarme pensando que esos “pseudo funcionarios” que no trabajaron en toda la administración, se incorporaban a la campaña para asegurar otros seis años de cobrar sin trabajar. Me daba rabia solo de pensar que se saldrían con la suya, pero siempre me mantenía enfocado en el mismo razonamiento “Mi trabajo hablará por mí”.

El día de la elección llegó y después de una jornada histórica en mi estado, el candidato de la oposición ganó las elecciones. Reflexionando un poco en lo que hubiera podido pasar en el proceso democrático, vinieron a mi mente las imágenes de aquellos funcionarios recomendados que nunca aportaron nada en la administración y que fueron los mismos (no quiero generalizar pero estoy casi seguro que fue la gran mayoría) que se fueron a “ayudar” a ganar las elecciones.

Un ejército de puros generales que daban órdenes, pero… ¿a quién?, si no había soldados rasos. Aunque el tema de este cuento no es lo que pasó en la elección, es claro ver que la soberbia con la que actuaron los recomendados y los compromisos del Gobierno, fue la causa del hartazgo de la gente y por ende, de su estrepitosa derrota.

Ahora el panorama cambió de manera radical. En unos meses iniciaría el proceso de transición gubernamental, y no solo del cambio de un sexenio a otro, sino de un cambio del partido en el poder. Todas las ideas y posibles estrategias para continuar en el trabajo que tenían muchos del régimen anterior, no servirían de nada porque ya no tendrían a los compadres, padrinos o amigos en el poder para acomodarlos en la nueva administración.

Me producía un extraño placer el ver los rostros de quienes se jactaban de ser intocables. Sus sonrisas eran falsas y bromeaban con la situación. Pero muy en el fondo sabían que su tiempo de vivir una vida fácil, se estaba acabando. ¿Qué van a hacer si no saben lo que es trabajar?, en fin, yo me sentía muy tranquilo porque al final mi tatuaje mental de que “Mi trabajo hablará por mí”, seguía ocupando mis pensamientos. No pude haber estado más equivocado.

 Conclusiones hasta el momento:

  • Nunca des por hecho las cosas
  • Siempre ten presente un Plan B e incluso un Plan C

…continuará

 

 

 

Mi vida Después del Cambio de Partido en el Gobierno del Estado (Parte I) was last modified: marzo 14th, 2017 by Mariano L.